Lucia, Lucia – Trigiani, Adriana

Desde su ventana, Kit Zanetti ve absolutamente todo lo que ocurre en Commerce Street. En realidad, ese nombre no le pega a la calle; debería llamarse Senda Tortuosa, o Paseo de Lavandas, o Rue de las Joyas. Greenwich Village nunca resulta tan encantador como a esta hora, por la noche, con esos charcos de luz azul que envuelven las raíces de los vetustos árboles que crecen a escasa distancia, a ambos lados de la calle; ni resulta tan adorable como durante el día, cuando el sol baña las hileras de casas, ninguna con más de cuatro pisos, algunas festoneadas de hiedra, unas cuantas dotadas de tejados de tablillas blancas bordeadas en negro, y una tienda de fachada tan vieja que los ladrillos han cambiado ya su color marrón por un anaranjado pálido. Los porches de piedra rojiza están bordeados de viejas macetas de terracota que contienen toda clase de flores que crecen a la sombra, por lo general impatiens rosadas y blancas. Las aceras son desiguales, las losas cuadradas de hormigón semejan porciones de una tarta de varias capas. Las persianas que cuelgan de las ventanas están pintadas en moteados tonos crema y rosa Mamie, un color que no se había visto desde la Administración de Eisenhower (al parecer, tampoco han pintado las persianas desde entonces).